Solo dos

La ruta, un lago, cuatro carpas y una tierra ancestral detrás de una barricada que paso mientras saludo desde lejos, entrando a la Lof, donde un peñi (“hermano”, en lengua mapuche) adivina que soy “Juan de Cítrica” antes de que pueda presentarme. “Poné agua para el mate, vamos a conocer al compañero fotógrafo”, le grita a otro peñi. Una charla de tres horas y varios mates para bajar los bizcochos de grasa, y para comprobar la fuerza, la entereza y la filosofía de vida de este pueblo originario de uno de los lugares más hermosos de América del Sur.
Con el equipo y la bolsa de dormir esperamos a que el juez aparezca para realizar el peritaje de la escena donde asesinaron por la espalda a Nahuel. Dos horas se tarda en llegar hasta ahí, una zona virgen para cualquier bicho de ciudad, pero no para un mapuche. Entre la ruta y el lago hay un barranco que no llega a cien metros, ahí se montó un campamento de observadores pacíficos, por si a las fuerzas de seguridad se les ocurre actuar de la misma manera en que lo vienen haciendo desde hace años por esta zona. Ahora son ocho carpas, con gente de Rosario, de Chubut, de El Bolsón, de Bariloche y de Uruguay. La mayoría gente joven, hippies, anarquistas, escritores, artesanos, maestros, gente humilde, solidaria y, sobre todo, libres.
Mi bolsa de dormir está al pie de un coihue y le caen encima los llao llao, esta especie de fruto amarillo del tamaño de un quinoto. Ya es de noche y me duermo sin comer. Llega el murmullo de la guardia, un grupo de chicas que matean hasta las 4am. Estoy en el acampe. Soy parte de un grupo, pero a la vez no. Siento distancia con gente que me observa. Soy un fotógrafo de un medio de comunicación y eso es la distancia. Distancia que generamos (nosotros, medios) cuando mentimos o mostramos solo una pequeña parte de la realidad.
Acá estoy, casi dormido, con un poco de frío, con la luna iluminando los picos nevados de un cordón de montañas. Respeté la decisión del grupo del que soy parte, respeté el miedo que sienten ellos cuando son identificados en mis fotos, aunque algunos colegas no lo hagan. Hice solo dos fotos del campamento, y ahí estaba Santiago, del lado del más débil.

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