Mineros de Río Turbio

Oscuridad y silencio. Una mezcla de olores y sensaciones acompañan a lo largo de los 15 kilómetros que deben recorrerse para llegar a las entrañas de la Tierra. Olor a madera, a tierra húmeda, a hierro y a carbón. Se respira diferente, espeso. La jornada es de seis horas, en condiciones imposibles para alguien ajeno a este oficio. Sin embargo, cuando termina, el mini bus que los regresa a la superficie se llena con unos 30 “viejitos” que bromean y se acomodan como pueden, con expresiones que evidencian la alegría de haberle ganado una batalla más al cerro. Todo esto es lo que extrañan los mineros que, ya jubilados, te cuentan la lucha eterna de Río Turbio contra todos los gobiernos de turno. Trabajadores con 30 o 40 años de antigüedad que no pueden romper la rutina de esos horarios, y a los que se les hace un nudo en la garganta cuando hablan de aquellos 14 compañeros que no pudieron salir y murieron en junio de 2004.IMG_7754IMG_7768IMG_7759IMG_7800IMG_7739IMG_7733IMG_7793

 

 

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